Homenaje a Antonio Caro
“Solo nos queda su recuerdo con sus dos mochilas arhuacas, su cabellera abundante que con el tiempo se tiñó de canas, sus gafas de aumento y sus inseparables botas…
La obra Colombia (1976) de Antonio Caro se consolida como un hito del arte conceptual y el cartelismo político en el país. Caro concibió esta pieza como una tesis simbólica que subvierte el orden y ornamento institucional mediante un ejercicio de resistencia pacífica. Al apropiarse de la tipografía de The Coca-Cola Company, genera una tensión semántica que confronta la identidad nacional con el consumo globalizado. La obra desplaza la pintura tradicional hacia la gráfica independiente, transformando el muro en un archivo vivo que disputa el derecho a la ciudad y visibiliza contextos de dependencia económica e histórica”
JUAN DAVID QUINTERO ARBELÁEZ
Curador independiente
Homenaje a Antonio Caro del colectivo Joyitas es un proyecto ganador de la Convocatoria de Fomento y Estímulos para el Arte y la Cultura de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín.


“Me siento como esos viejitos importantes que son interrogados exhaustivamente por jóvenes estudiantes de historia que quieren reconstruir un pedazo de la remotísima historia nacional.” Antonio Caro
Retrato Hablado
in memoriam (1950-2021)
Nota para tener en cuenta antes de leer este relato: escribir y darle forma a estas líneas sobre una mínima parte de su vida artística, se consolidó desde algunas de las voces más cercanas en el campo profesional, la caricatura y las narraciones simples y sin pretensiones, no se busca con este texto hacer un extenso análisis académico de su obra, pues ya existen muchos libros que lo hace y muy bien, solo queremos rendir un homenaje desde este espacio independiente y humano a su gran trabajo, legado que hasta el día de hoy es más que vigente.
En conversaciones recientes con el maestro Raúl Marroquín, un video artista colombiano pionero de este medio de expresión en Holanda y nuestro país, coincidimos en lamentar la reciente muerte de otro gran maestro que enluta el panorama artístico del país, la muerte del Maestro Antonio Caro, que falleció el pasado 29 de marzo del 2021 en la ciudad de Bogotá.
Esta noticia nos cae como baldado de agua fría, recibir tremendo comunicado, saber que el querido Antonio y su presencia ya no acompañará más el circuito artístico nacional, su imagen se esfumó, solo nos queda su recuerdo con sus dos mochilas arhuacas, su cabellera abundante que con el tiempo se tiñó de canas, sus gafas de aumento y sus inseparables botas. Y así, comenzamos a recordar su figura a través de anécdotas conjuntas, momentos y espacios que compartimos con él en diferentes capítulos de nuestras vidas, nombramos otros colegas y reímos entre tristezas y felicidades, además de recordar la importancia y actualidad de su obra hoy, en momentos tan complejos para nuestro país, más allá de galerías y los museos.
El maestro Marroquín, me narra que aproximadamente en los años 60, cuando eran estudiantes de la Universidad Nacional de Bogotá, de Bellas Artes, junto con varios artistas de la historia del arte colombiano, que hoy son un referente nacional, él se subió al último piso del edificio del Departamento de Arquitectura con varios metros de papel craft y escribió la expresión VIVA COLOMBIA con mierda. Esa acción performática y artística, se desarrolló luego de una visita que había tenido el candidato a la presidencia Carlos Lleras Restrepo a la Universidad Nacional, donde no fue bien recibido por los estudiantes y se intervino por la Policía Militar (PM) y en la que fueron arrestados los maestros Augusto Rendon, Pedro Moreno, Carlos Granada, Raúl Marroquín, Antonio Caro, entre otros que fueron a parar al Cuartel del Batallón de la Policía Militar de Puente Aranda por 3 días.
En el año de 1970 para el XXI Salón Nacional de Artistas, participa con la obra titulada Cabeza de Lleras, un busto hecho en sal, guardado en una urna de cristal y que, al momento de inaugurar el Salón, añadió agua para que la sal se desliese dejando un charco de agua en el piso del salón. Claramente su proyecto artístico se perfila de forma crítica en torno a una posición contestataria y política, enfocándose en este caso en el mandatario de turno, enfatizando irónicamente sobre su gestión y eficacia política. Su obra comienza a dar esos pasos en la conceptualizad crítica, a construir su camino azaroso que las artes en Colombia lo han caracterizado.
Cuando fui curador en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá en el año 2010, tuve la oportunidad de entrevistar por primera vez a Antonio Caro. Fue un momento muy interesante, pues yo venía investigando y consultando su obra desde unos años atrás, y tuve la oportunidad de encontrarme en la colección del MAC, su obra titulada Colombia 1971.
Esta obra hace referencia al periodo del arte conceptual en Colombia, auge que fue impulsado por los salones y eventos artísticos de los 70s, como el Salón Atenas propuesto por Eduardo Serrano en el MAMBO (1975 – 1984). Caro utilizaba medios y técnicas no convencionales, como el cartel o la obra efímera donde la fuerza de las ideas y el mensaje eran muy importantes en su composición. Su expresión plástica se caracterizó por la crítica social y las acciones de resistencia enmarcadas en la reflexión sobre asuntos como la independencia, el subdesarrollo, la situación económica de las clases populares, los desplazamientos forzados, los falsos positivos y la minería ilegal.
Antes de dicha entrevista solo podía pensar en su obra Defienda su talento 1974. En ese momento me imaginaba como Caro le había zampado tremendo bofetón al maestro German Rubiano quien fue jurado, un año antes en el XXV Salón Nacional de Artistas. Esa acción y reacción tuvo consecuencias. Años más tarde, se convirtió en una de las banderas de su trabajo conceptual, una obra con la que se han identificado muchos artistas en el país. Pero en su momento nadie imaginó los verdaderos sentimientos de un artista afligido por la exclusión: en el año 2014 en una entrevista para el Periódico El Tiempo, Antonio relata: “Cuando, en 1973, el jurado de admisión de un Salón Nacional rechazó mi obra Colombia-Marlboro, yo me sentí muy mal porque hasta ese momento me creía el niño genio del mundillo artístico de Bogotá y mi ego no soportó el golpe. Tenía la moral por el suelo y lo único que me faltaba era llorar a mares. Totalmente desolado, una tarde entré cabizbajo a la galería San Diego y Rita de Agudelo, dueña y directora, me dijo: “¿Carito, usted quiere exponer aquí su obra rechazada?”. Y así, de un momento para otro, gracias a ella pude hacer mi primera exposición individual.”
Antonio era así, contestatario, rebelde con causa, fuerte, serio, fiel a sus convicciones y batallas ideológicas; un personaje que no se doblego y que nunca tragó entero, coherente como lo es su obra, decía lo que tenía que decir, sin pelos en la lengua. Recuerdo el episodio con la curadora y crítica de arte mexicana Avelina Lesper en la Feria de Arte Internacional de Bogotá – ArtBo- 2016, quien se vio enfrentada a él cuando se levanta de su silla de espectador para tomar el micrófono y manifestar su opinión crítica al llamarla “inquisidora del arte contemporáneo” en público.
Pero todo no era críticas, Antonio también era alegre y muy perspicaz a su manera, él decía lo que no le gustaba y expresaba su malestar ante situaciones que le incomodaba en el momento oportuno, en muchos lugares no era bien recibido, más bien temido, pero eso es más un mito urbano que otra cosa; las personas que tuvieron la oportunidad de hablar con él, trabajar o estar cerca en algunas de las charlas o en los talleres de creatividad que impartía por todo el país para ganarse la vida. El caricaturista Chócolo lo recuerda como su vecino en el barrio La Macarena de la capital. «Varias veces en la Candelaria, la Macarena o el Mercantil de la 22 tomábamos con Antonio unos aguardientes. Como le gustaban. Con tango, salsa, o frivolidades de fondo, y por fuera del mutuo elogio de las salas de exhibición”.
Caricaturas de Chócolo
El maestro Gustavo Ortiz, director del Museo de Arte contemporáneo de Bogotá lo inmortaliza desde una de sus historias cuando llega con “unos pliegos de cartón cartulina, con una regla plástica, un lápiz mirado 2, un pincel de cerda y unos cunchos de esmalte doméstico, empezó a trabajar la idea que le rondaba la cabeza desde hacía unos meses, él mismo decía: “A mí solo se me ocurre una idea al año”; la inequitativa distribución de la tierra productiva en Colombia.”
Años después con motivo de los cuarenta años del Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá (2006), “en una de sus frecuentes visitas al museo, con su camiseta, su mochila de fique y su particular corte de cabello ya encanecido, nos ofreció hacer una “Reposición” de su obra Colombia 1972, al realizarla encontró con profundo estupor que el número de propietarios de la tierra cultivable había disminuido aumentando las hectáreas que cada uno de ellos poseía, los peones sin tierra eran ahora millones y el minifundio de las familias campesinas era exiguo”. Me relató Ortiz.
Es claro que existen miles de historias en las cuales A. Caro ha sido protagonista y verdugo, bien lo dice el dicho: Más mata una mala lengua que las manos del verdugo; el verdugo mata a un hombre, y una mala lengua a muchos.
El caleño Juan Melo, un artista que se ha dedicado desde hace muchos años a la creación artística, tuvo una gran amistad profesional y personal con él, en varias oportunidades tuvieron que trabajar y debatir su trabajo.
Melo lo recuerda, como el maestro anarquista, donde tuvo la oportunidad de “grabar una charla de Antonio Caro 1997, ya sabía de su obra, pero desde ahí conocí al maestro anarquista como un gran amigo y consejero, que me enseñó ante todo a tener criterio y a sintetizar las ideas. Junto a Carolina Ruiz en 2006 fuimos invitados como artistas y gestores para hacer parte de la exhibición LA GRAN COLOMBIA dentro del marco del XII Feria del Pacífico en el Centro Cultural de Cali y posteriormente como residente en Casa Tres Patios durante el MDE7 en la exhibición del Museo de la Universidad de Antioquia. La propuesta consistía en un rompecabezas didáctico del mapa de LA GRAN COLOMBIA hecho en laminilla de plomo, con la actual división política del territorio, dentro de una urna de vidrio y se obsequiaron rompecabezas de cartón de color plomo a los asistentes.” añade Melo.
Llevamos un año largo viviendo un proceso que nunca imaginamos y que, debido a la pandemia, se manifestó en nuestro país la clara y grave precariedad del aparato político, económico, social, cultural, educativo y de salud. Venimos exigiendo como pueblo, por medio del derecho a la protesta y la libre expresión, el repudio e indignación colectiva para exponer un cansancio frente a la corrupción continua y desmesurada que, acompañada de la censura y el miedo, se han convirtieron en el pan de cada día de este país.
Si bien, las manifestaciones artísticas, el activismo cultural, el replanteamiento de una sociedad hegemónica, la lucha contra el control político, excluyente y social, son factores que debemos que debemos combatir constantemente en este momento histórico que vivimos y bajo ese malestar constante, es la práctica que no podemos desfallecer.
Es ahí donde la obra de Antonio Caro tiene más validez y relevancia, retomar su trabajo para apropiárselo como lo hizo Juan Melo y Rafael Diaz (entre otros artistas) con la icónica pieza “TODO ESTÁ MUY CARO” (1978), y reimprimirla al contexto local que se vive en este momento modificando una palabra por otra y conservado la tipografía. “TODO ESTÁ MUY FACHO” (2019) y “TODO ESTÁ MUY MELO” (2019)
Subraya J. Melo la necesidad de continuar esta reflexión de una manera respetuosa y mínima como lo fue gran parte de su trabajo. En esta ocasión las reflexiones giran en torno a COCA-COLA COLOMBIA (1976) en el marco del Paro Nacional Mayo 2021: Coca-Cola ɐᴉqɯoloƆ, ᴉlɐƆ, ɐɔnɐƆ, uɐʎɐdoԀ, y más recientemente Coca-Cola Polombia.
Caro siempre confío que la generación que se apropió de su trabajo: “ojalá que sea esa nueva generación de jóvenes colombianos que con su propio esfuerzo está circulando en el país y en el mundo, alejada del patriotismo y sin las talanqueras del regionalismo. Esa generación es la que conformará lo que nunca hicieron las élites gobernantes: la verdadera nación colombiana.”
Es contundente la coherencia y conciencia política que un artista debe aportar con su obra a la sociedad, y que Caro lo tenía muy claro. Estas pequeñas remembranzas son una dosis alentadora de la transformación posible que logra el arte como una herramienta para resistir, criticar, ironizar y denunciar el tiempo que nos acontece. Actos de persistencia en tiempos como este, tan necesarios hoy.
Juan David Quintero Arbeláez
Curador independiente
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